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Hace poco leí un artículo de esos tan famosos de “20 mejores cosas de Edimburgo”, y me dio por pensar que son las 20 mejores cosas de Varna, al menos 19 de ellas es la ubicación. En 6 horas te plantas en un bus en Estambul y en apenas 4 en Bucarest, y aprovechando las circunstancias, nos hemos ido este fin de semana a Transilvania, la de cosas que se pueden hacer en tan solo dos días.

Salimos el sábado a las 3 de la mañana de Varna y nos pusimos rumbo a Rumanía, es casi un pareado, a las 9 de la mañana ya estábamos en el castillo “ del conde Dracula” que no lo es tanto, ahora explicaré el porqué.

Bran

El primer pueblo que visitamos fue Bran, conocido por el castillo de Vlap Tepes, el empalador, aunque en realidad no lo fue tanto, pues este desalmado solo pasó unos meses en su camino a prisión en Budapest, donde le dieron muerte con su propio método, el empalamiento. Quien en realidad hizo uso de este castillo de los Cárpatos es la muy querida Reina María de Rumanía.
La ciudad entera vive de la leyenda de Vlad Tepes, hijo de Dracul (de ahí su nombre) por lo que se esmeran en cuidarla y mantenerla limpia y llena de souvenirs draculescos.

Brasov
El cielo se iba tornando de un color oscuro casi negro a medida que nos adentrábamos en Cárpatos, pero sin hacer caso de las advertencias meteorológicas paramos para una breve visita en el precioso pueblo de Brasov. En su día fue una ciudad rica y majestuosa por encontrarse en mitad del camino entre la capital y los Cárpatos.
En 1689 esta pequeña ciudad sufrió un insaciable incendio que se saldó la vida de más de 3000 personas y arrasó casi todas las casas, incluyendo la Iglesia. Tardaron poco tiempo en restaurar la calma y la normalidad, pero la Iglesia no la restauraron y por eso hasta el día de hoy se le conoce como la Iglesia negra.
Brasov se considera el límite entre el este y oeste de Europa ideológicamente, además parte de su arquitectura tiene cierta semejanza a la alemana por la invasión saxófona de siglo XIII.

 

Sinaia

El segundo, y último, día del viaje lo pasamos casi por completo en Sinaia, a primera hora de la mañana encabezamos el castillo de Carlos I de Rumanía. Lo más sorprendente de este lugar, además de las vistas, jardines e influencia europea arquitectónica es que tras la muerte del monarca en 1914, el castillo quedó intacto por una tradición real de la época. También visitamos el Santo Monasterio de Sinaia, que alberga una preciosa Iglesia antigua y la nueva en la parte exterior.

 

Bucarest:

Antes de volver a Bulgaria, paramos un rato en Bucarest, para ser sinceros no es una ciudad que se pueda visitar en un par de horas, se recomienda al menos dos días.

 

Un viaje para repetir! Ah por cierto, Transilvania no da miedo.

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