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Bueno pues mi etapa de profesora loca ya ha acabado y la verdad que me da un poco de pena, porque mi último grupo era el mejor del mundo, pero este verano quedaremos para recordar viejos tiempos. Sé que el ministro Wert no habría aprobado mis técnicas de enseñanza, pero tampoco es algo que me quite el sueño porque han aprendido inglés y se han reído mucho conmigo y eso es lo importante, reírse me refiero.  ¿Cual es mi técnica? pues sencillamente hacerles participativos, eliminar la barrera de profesor-estudiante, ellos tenían tanta voz como yo en la clase, debatíamos, nos enfadábamos, nos reíamos, compartíamos recetas y sobre todo siempre venían a clase con una sonrisa de oreja a oreja.

Grupo preferido 2El grupo era de lo más variopinto, estaba Darina una doctora que se sabía todas y cada una de las tradiciones búlgaras, lo más gracioso es que Darina cuando empezó las clases apenas podía formar una frase completa y al final del curso la sentaba en la última fila porque no callaba, me encanta.
Kristina era la más sonriente de todas, apenas hablaba pero no paraba de reírse de las barbaridades que decíamos y siempre volvíamos juntas a casa en el autobús.

María es toda una señora, con su pañuelo anudado al cuello elegantemente y siempre hablando en voz baja, sin duda era la única que daba un toque de coherencia al grupo, cuando hablaba apenas cometía errores y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás.

Baba Marta (la segunda por la derecha) era la más tímida de todas, entendía casi todo pero le costaba lo más grande hablar.

Gloria (la primera por la derecha) era la niña de mis ojos, con su carácter duro y fuerte como debe ser pero se le rompía el molde y rompía en carcajadas cuando me escuchaba hablar búlgaro o cuando contaba alguna de mis anécdotas surrealistas que solo me pasan a mi.

Vladimir (primero por la derecha) era el charlatán de la clase, creo que se tomó muy en serio mi consejo de que la mejor manera de aprender un idioma es hablando. Pero sin duda es una de las personas más positivas y con más carisma que he conocido en Bulgaria.

Nikolai es todo un ejemplo a seguir, venía a clase cargado con sus libros y dos diccionarios que no paraba de consultar durante la clase, hablaba poco pero cuando lo hacía, siempre utilizaba palabras nuevas que había aprendido.

Este es mi pequeño homenaje para mis alumnos, a los que no olvidaré y darle las gracias a Duvromir por darme la oportunidad de poder ayudar a mi manera a toda esta gente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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